sábado, 7 de enero de 2017

CRÍTICA - El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo - 2001






Las adaptaciones literarias al cine varias veces son motivo de críticas, más aún en los últimos años. Con detractores y otros a favor, en la historia del cine ha habido infinitas cantidades, cada una de distinta calidad y popularidad.


Sin embargo, posiblemente la más ambiciosa de todas surgió a fines de los 90, de la mano de Peter Jackson, quien se propuso llevar a la pantalla grande la extensa obra de su compatriota J.R.R Tolkien. ¿Cómo le salió la jugada? “El Señor de los Anillos” tendría dos “secuelas” y terminaría siendo una de las sagas más exitosas no solo en taquilla, sino también en crítica, de la historia.




La historia la conocemos todos, pero la resumo por las dudas. Hace muchísimos años se forjaron varios anillos, los cuales fueron entregados a Elfos, Enanos y hombres (ambiciosos por naturaleza). Pero había otro, el perteneciente a Sauron, que tenía un poder infinito. “Un anillo para gobernarlos a todos”. Con los años el anillo fue cambiando de dueño, hasta caer en las manos de Frodo, un hobbit que deberá devolverlo a su lugar de origen.

Con un prólogo explicativo de la historia de los conflictos, el odio y la ambición de poder en la Tierra Media es como comienza la película. Una narración omnisciente describe los acontecimientos sucedidos, y ya desde el principio somos testigos de lo que estamos a punto de ver: un festín de acción y fantasía al más alto nivel, capaz de mostrar en pantalla miles de individuos a la vez gracias a los avanzados métodos tecnológicos.




 ¿Alguna vez se pusieron a pensar el desafío logístico que debió significar la realización de la trilogía? Por eso se demoró tanto su producción, y por eso también se filmó todo de una vez, para aprovechar tiempo. Pero todo ese arduo trabajo tiene su recompensa, y se convierte en un deleite visual perfecto en cada escena, cada toma y cada aparición de alguna criatura extraña. Los efectos especiales se exprimieron al máximo posible y la dirección de Jackson para regalarnos el mejor ángulo de cada batalla es simplemente sensacional.

Como otras grandes obras del cine (“El Padrino” es la que se me viene a primero a la mente), la película de Jackson comienza con una festividad: el cumpleaños número 111 de Bilbo, el tío de Frodo. Todo es alegría en la Comarca hasta que el anillo comienza a ganar terreno; su presencia poco a poco comienza a consumir este brillo alegre y da paso a una oscuridad que va ganando terreno hasta consumir todo a su alrededor; a pasos agigantados, esta película que comienza repleta de alegría, se va convirtiendo en una historia oscura y malévola, un cambio total que nos deja perplejos a todos.




Es el anillo quien tiene la culpa. Fue forjado desde la ambición de controlar todo, y así se mantuvo durante toda su existencia; luego que su dueño original lo perdiera y cayera en manos de Isildur, este también se vio corrompido por él, y así sucesivamente; cayó en manos de Gollum, para luego llegar a Bilbo, quien en algunos momentos cae presa de su poder, dando un giro de 180 grados en su actitud. La maldad proviene del anillo, y mientras se esté cerca de este, las amenazas seguirán viniendo y nadie estará seguro.




Los escenarios elegidos por el equipo de producción de Jackson para filmar las escenas exteriores, en Nueva Zelanda, son simplemente irreales; hay veces que la naturaleza excede nuestras expectativas y esta es una de esas. Junto a la fotografía de Andrew Lesnie, cada extensión de tierra, cada montaña ondulada o pastizal verde se ve como nunca antes se vio en pantalla, otorgándole a la vez, veracidad y aspecto fantástico a las locaciones de la película.
Es un trabajo en equipo al nivel más alto de todos; la banda sonora también es espléndida, una partitura de ensueño que nos contagia ese espíritu aventurero y de descubrimiento que tienen los personajes, pero también el miedo a lo desconocido y el nerviosismo por el que estos atraviesan. Ni que hablar del vestuario, maquillaje y demás. Una gran película se hace cuando todas sus partes individuales congenian y están a un nivel más allá de lo normal, y acá somos testigos de esa conexión.




A través de un relato fantástico, Peter Jackson representa a la humanidad, a la sociedad actual y a la sed de poder. El anillo es el catalizador, la fuente de energía, cuyo poder se va ramificando en los individuos, haciéndoles crecer esa ambición mencionada antes. Pero en Frodo vemos la esperanza, en la Comunidad del Anillo, en sus amigos Hobitt, en Gandalf, en los elfos y enanos, y en Aragorn, vemos como siempre se filtra un poco de luz en cualquier oscuridad, como si se trabaja juntos y se lucha por un ideal que busque el bienestar, no importa si son 6 o 7 contra un ejército de cientos; siempre habrá una oportunidad, y no debemos perderla hasta que se nos sea imposible levantarnos.




Además de la excelencia de su director, que maneja la tensión de forma espectacular y dirige a nuestros ojos secuencias de acción y momentos dramáticos como pocas veces en el cine se vieron, “El Señor de los Anillos” cuesta con un casting variado, de estrellas emergentes y nombres que ya tenían su propio lugar en la industria. En representación de los hobbits estaba el joven pero ya experiente Elijah Wood, de él pasamos al siempre bueno Viggo Mortensen que nunca defrauda en ningún papel, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Cate Blanchett y demás. En otro nivel, están los históricos, Ian McKellen y Christopher Lee, como los magos Gandalf y Saruman: el bien y el mal, lo honesto y la fácil de corromper. Estos dos pedazos de actores se sacan chispas entre sí en los momentos que están juntos, regalándonos los mejores momentos actorales de la película en mi opinión, además de una pelea histórica que nos asombra a cada segundo. Es un duelo titánico de habilidades mágicas y humanas, en la que ninguno sale victorioso o perdedor, pero el público se regocija de ver tal perfección en pantalla.



La duración total de la película son 178 minutos; casi tres horas en donde la acción inunda la pantalla y por ende, transcurren a una velocidad envidiable. Pasan tantas cosas en esas tres horas, y sin embargo ninguna escena está de más, ningún momento, ni el más mínimo movimiento de cámara, línea de dialogo o toma lejana sobra, y que eso suceda en una película tan extensa, es de remarcar.

“El Señor de los Anillos” siempre estuvo acompañado de un éxito literario tremendo, y era de esperar que lo mismo sucediera con su adaptación a la pantalla grande. Así sucedió, y 15 años después de su estreno ya se encuentra en un pedestal único en lo que a películas se refiere, y su leyenda no hace más que comenzar.


No titubeo al decir que “El Señor de los Anillos” está a la altura, o incluso más allá, de otras grandes épicas del cine. “Ben-Hur” es la primera en la que pienso, “Lawrence de Arabia” por qué no? Todo lo necesario para colocarla en el estante de las grandes producciones está allí. Podría objetarse que es más fácil realizar superproducciones en estos días, pero la verdad es que Jackson utilizó los medios que tenía a su alcance para entregar el mejor producto posible, al igual que hace más de medio siglo lo hicieron David Lean, William Wyler o DeMille. ¿Quién sabe? Tal vez con la tecnología de hoy en día estos directores no serían capaces de imitar a Jackson, o sucedería lo mismo con el neozelandés en los 50. Cada cineasta tiene su tiempo, y no ganamos nada con pensar “¿Qué hubiese pasado si...?” porque nunca obtendremos respuesta.


Uno va a al cine, o mira una pelicula en la comodidad de su hogar para desconectarse del mundo, para olvidarse de los problemas, y si se puede, descubrir otros mundos. La obra de Jackson, y sus dos secuelas, nos llevan en primera fila a esta tierra fantástica, lejana en el tiempo pero cercana en espíritu, en donde todos nos podemos ver reflejados y de la que todos nos sentimos parte. Junto a Frodo y sus valientes amigos nos sentimos partes de algo inmenso, sin precedentes y sin aparente igual en el futuro cercano, y eso, solo el cine lo puede lograr.




TÍTULO: Lord of the Rings: the Fellowship of the Ring
AÑO: 2001
GÉNERO: Drama - Fantasía
DIRECTOR: Peter Jackson
PROTAGONISTAS: Elijah Wood -  - Viggo Mortensen – Ian McKellen – Christopher Lee – Cate Blanchett – Liv Tyler – Hugo Weaving




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