domingo, 1 de noviembre de 2015

RESEÑA - La Colina de las Amapolas (Kokuriko-zaka kara) - 2011





Si hablamos de animación, en Occidente el estudio más exitoso indiscutiblemente es Disney. Películas como “Buscando a  Nemo” o la reciente “Frozen” son de las más famosas del estudio, habiendo deleitado a niños de todo el mundo. Sin embargo, Disney no tiene el monopolio mundial; al otro lado del mundo tiene su competencia: Studio Ghibli.



“La Tumba de las Luciérnagas”, “Mi Vecino Totoro” y la ganadora del Oscar a Mejor Pelicula Animada “El Viaje de Chihiro” se erigen como los estandartes de la compañía.  Teniendo como caras más visibles a los legendarios Isao Takahata y Hayao Miyazaki, Ghibli ha producido más de 20 largometrajes en 30 años de historia. Hoy toca centrarnos en la obra del año 2011, “La Colina de las Amapolas”.




Umi es una estudiante aplicada, quien se encarga de mantener el orden en su casa, mientras su madre está de viaje por un tiempo. Cocina, limpia, lava la ropa, hace las compras y demás, con tal de ser de ayuda en su hogar. Shun es la otra parte de la historia. Asistiendo a la misma escuela, es miembro del “club house” latino, punto de encuentro de las mentes jóvenes de la institución. Impulsivo pero capaz de controlarse, y con rasgos claros de liderazgo, Shun, junto a sus amigos quieren detener la demolición de su club, a punto de ser tirado abajo debido a la remodelación de los edificios por la llegada de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964.

Umi se ofrece para ayudar a limpiar y remodelar el lugar de forma en que no haya razones por las cuales demolerlo, y por consiguiente, todas las chicas del instituto se le suman. Poco a poco, la relación entre Umi y Shun va evolucionando y pasa de ser una amistad con claros signos de atracción del uno hacia el otro, a un enamoramiento adolescente, cuando de repente, un secreto del pasado amenaza con arruinar lo que podría ser un final feliz.



Goro Miyazaki, hijo del legendario Hayao, es el encargado de la dirección, que cuenta con un guión escrito por Keiko Niwa y Miyazaki padre, basado en un comic japonés. Es la segunda incursión de Goro en la dirección de un largometraje, siendo el primero “Cuentos de Terramar”, la cual no obtuvo un éxito comercial como sería de esperarse. Sin embargo, con “La Colina de las Amapolas” , su nombre trepa hacia lo mas alto.

Si algo identifica a Ghibli, es la forma en que sus películas no están enteramente dirigidas para un público infantil, sino que son películas adultas; punto que marca la diferencia más grande con Disney, cuyo objetivo son los niños. Y siguiendo este razonamiento, Ghibli lo logra una vez más. A pesar de que los protagonistas son adolescentes, es tal la complejidad narrativa y los temas tratados en la película, que incluso para cualquier espectador maduro puede suponer un reto seguir el hilo de la historia.

“La Colina de las Amapolas” puede considerarse una película familiar, pero el dramatismo y el romance están tan presentes, que decir que es algo para disfrutar en familia se quedaría corto.



Como nos tiene acostumbrados desde hace años Ghibli, el dibujo es simplemente perfecto. Los fondos y los mismos personajes están retratados de forma genial, al igual que está retratada la época, tanto por la vestimenta como por la banda sonora, uno de los puntos más fuertes de la película. El humor también dice presente, aunque no en gran medida, debido a la seriedad que merecen algunos puntos de la trama, cada aplicación de este recurso resulta eficaz.

“La Colina de las Amapolas” es una historia de lucha para lograr lo que uno quiere; uno historia de amistad y de amor adolescente. Movilizadora y humana, es una película emocionante, que nos conecta con los protagonistas y sus objetivos. Tal vez no la más grande obra de animación que Ghibli ha producido, pero sin duda, una de las mejores películas animadas que hay ahí afuera.



Título: Kokuriko-zaka kara
Año: 2011
Genero: Animación - Drama
Director: Goro Miyazaki
Guión: Keiko Niwa - Hayao Miyazaki

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