martes, 24 de mayo de 2016

RESEÑA - Espartaco (Spartacus) - 1960





Cansado de una vida de esclavitud, Espartaco (Kirk Douglas) junto a sus compañeros esclavos organizan una revolución en contra del Imperio Romano. A su vez Roma, liderada por Craso (Laurence Olivier) no se quedará de brazos cruzados, y hará todo lo posible para contener dicha revuelta.



La segunda colaboración entre Stanley Kubrick y Kirk Douglas (previamente coincidieron en “Senderos de Gloria”) es una adaptación de la novela homónima de Howard Fast, a cargo de Dalton Trumbo, aquel otrora perseguido por la industria a mediados de los 50’s por supuestas conspiraciones a favor del comunismo

Lo que es más, esta película fue la gran responsable del fin de La Caza de Brujas en Hollywood, al ser la primera en años en acreditar al mismísimo Trumbo como guionista.




“Espartaco” fue la quinta película de Stanley Kubrick, y su primera GRAN producción, luego de tres películas menores de corta duración, y una aproximación a la Primera Guerra Mundial. No solo contó con el hoy ya legendario (y aun entre nosotros) actor, sino que tuvo un reparto repleto de estrellas de ese entonces.

No se puede mencionar el elenco sin comenzar con el impresionante Laurence Olivier, a quien siempre es un placer verlo en pantalla. El británico siempre daba todo de sí, y personificaba sus papeles de una forma envidiable para todo actor, convirtiéndose en una eminencia y a su vez referencia para todo aquel que compartió su época. Y su Craso no es la excepción; con un rostro casi de piedra, Olivier logra maravillas a cada segundo.

Junto a Douglas y Olivier estaba Peter Ustinov, otro aclamado actor Hollywoodense tal vez no con tanto renombre como los anteriores, pero que fue quien se llevó el Oscar a casa en 1961 por su papel en el film; también dijeron presente Charles Laughton como Graco, John Gavin (recordado por “Psicosis”) como Julio Cesar y Jean Simmons como Varinia, la amada de Espartaco, la luz de sus ojos en tiempos difíciles.





Es indudable y casi indiscutible que el trabajo de Kubrick está cerca de una obra maestra. Sin embargo, sus 195 minutos de metraje pueden más que a nosotros de a momentos, y ya llegando al final, a pesar de reconocer que lo que acabamos de ver no es algo de todos los días, casi deseamos que todo concluya.

No la calificaría nunca como tediosa ni que su último acto sobra (cuando el climax llega en ese momento), o que podría acortarse un poco. Es más, Kubrick logra una película lo suficientemente buena para hacerla entretenida y llevadera…por dos horas y media. Una épica que, a pesar de no serlo, no está tan lejos de una obra de David Lean.




A pesar de tener lugar aproximadaente en el 70 A.C, Espartaco no es un hombre común de la época, sino un adelantado. Como lo dice la misma película, tiene un pensamiento propio de 2000 años a futuro, y sus ideales no hacen más que atraer súbditos de cada ciudad por la que pasa.

Su ambicion de libertad no solo individual sino para todos quienes comparten su condición, su personalidad y valentía, lo hacen el líder perfecto de la revolución esclava. Sumado a esto, no deja a nadie afuera y da a todos la posibilidad de ser parte de su ejército, tanto mujeres como niños, a quienes entera para un futuro, de la misma forma en que lo entrenaron a él para convertirse en gladiador.





“Espartaco”
como toda gran película nos regala escenas memorables; entre ellas, la primera instancia de la rebelión. En esa ocasión contra los guardias de la escuela de gladiadores acaban con uno de ellos insertando su cabeza en una olla de alimento hirviendo. La pelea a muerte con Draba frente a la atenta mirada de Craso. Sumado a esto también cabe remarcar el enfrentamiento entre ejércitos.

Ver como ambos avanzan de forma tan ordenada, como se cumple al pie de la letra lo coreografiado (en ese entonces no existían las pantallas verdes señoras y señores), demuestra la capacidad de Kubrick para organizar grandes cantidades de extras a su gusto, como lo haría 15 años después en “Barry Lyndon” y nos deja pensando, imaginando, con lastima, como habría sido su adaptación sobre la vida de Napoleon, proyecto más que ambicioso, pero que desgraciadamente no tuvo frutos.




No todo es violencia sin embargo. De una forma muy explícita, al menos al parecer de su humilde servidor, fue una película transgresora. No recuerdo anterior a esta en la que la homosexualidad estuviera presente tan directamente (si es así, ruego me digan cual; puedo estar equivocado y agradecería saberlo) como en la escena en donde el personaje de Tony Curtis asiste al de Olivier en un baño, momento en el que los gustos de ambos salen a la luz en forma de metáfora.




“Espartaco” es un gran trabajo de dirección, fotografía, actuación y sonido. Uno pensaría que eso bastaría para destacar una película de todo el resto. Y así es, porque no resulta ser una más. Antes que nada, por lo que significó en su estreno obteniendo la aprobación de Kennedy ante el guión de un sospechoso de comunismo. Su éxito indiscutido en los años venideros la convirtió en uno de los grandes clásicos del cine, y ayudó a cimentar a Douglas como estrella perdurable hasta el fin de los tiempos.

Una vez más, tal vez su duración sea lo que le juegue en contra en el mundo actual, en donde cada vez más las películas se acortan y terminan convirtiéndose en un pasatiempo en vez que una experiencia, como deberían. Sin embargo, aquellos enamorados del celuloide descubrirán su grandeza y apreciarán su significado, cautivados por el deseo de libertad  de Espartaco y su final triste, pero esperanzador.






TÍTULO ORIGINAL: Spartacus
AÑO: 1960
GÉNERO: Drama - Épico
DIRECTOR: Stanley Kubrick
GUIÓN: Dalton Trumbo
PROTAGONISTAS: Kirk Douglas – Laurence Olivier – Peter Ustinov - Jean Simmons - Charles Laughton – John Gavin

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